Pero Madrid es mucho más que esa tribu urbana de Paquito Umbral. Desde hace mucho, se ha convertido en muchas cosas más que no se le escapan a nadie. Ese metro repleto de currantes, que regresan con una cara de supervivencia diaria perdiéndose en la música de las flautas, el acordeón y la caja que tocan cuatro chavales con pinta de brasileños. O la noche que nunca recibe al sol, aunque ya no sean los ochenta, ni Tierno Galván alcalde. Y como olvidarnos, de mil imágenes más, incluso las personales.
Lo que me pregunto es lo que pensarán todos esos que regresan del trabajo a última hora de la tarde, o más bien tercera de la noche, sin tiempo para hacer la cena, ni apenas verle la cara a sus hijos. Y con mayor motivo, cuando tienen cuatro días para desaparecer en largas colas sin poder desentenderse de un camino de regreso que se antoja imposible de dejar atrás.

Ya hace tiempo que empezaste a conocer lo bueno de Madrí.
Disfrutar de esta ciudad va unido a saber huir de ella. Elegirla para vivir y trabajar nada tiene que ver con perderse en el ocio más castizo.
Si aprendemos a saborearla no tendremos que sufrirla...
¿te vienes a Madrid? Ya nos lo estás contando en el blog. Power, menos mal que tú sí andas por aquí. :P
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