A la vida me gusta llamarla Calle, aunque lejos de ser una fórmula plenamente acertada no se merezca el don de biyectividad. Tan necesario para la razón, como no exigente para convertirse en un frágil intento de definición puntual y parcial.
Lo que no se puede ignorar, es que la Vida/ Calle va dando a todo forma con ángulos y perspectivas muy distintas. La temida palabra "justicia" va por otro lado, espero que demasiado lejos para atraparme.
Por eso de que todo te va viniendo detesto los que se anticipan a la Vida/ Calle, porque se convencen día a día de haber logrado una posesión graciosa y eterna de un estado de sabiduría sublime, mucho más allá del resto de mortales prófugos de vaticinar hipótesis que se caen al día siguiente. Y más, con la desgracia de una voz de orador autoconvencido, que intenta transmitir como una perfecta encarnación de Yahvé. Malditos sean.
Les dejo con un par de versos de Joaquín Sabina pertenecientes a su “Benditos, malditos”.
Malditos sean los súbditos del dios de la certeza.
Maldita sea la voz de la experiencia
que casi se equivoca a media suma

Esto me ha recordado algo bonito y personal. Cuando murió Alfonso, Simón Casas dijo: "Que el demonio lo tenga en su gloria".