Supongo que a la gente normal y con intenciones de vivir más de cien años a toda costa, no les da por vivir con la intensidad que lo hicimos ayer Rosita y un servidor. De otra manera no se podría explicar que nos fuésemos hasta Zaragoza, en pleno puente de El Pilar, una desde Madrid y el otro desde Salamanca –escala Coslada-. Más de 1.100 kilómetros que no es que merezcan la pena, sino que fueron un lujo a recordar, especialmente por la compañía.

El día nos facilitó todo, hasta un cambio de aires para quitarme el catarrazo. No así los victorinos, con lo que continuará viva la polémica de la Fresa “Victorinos Vs Cebadas”.
Lo que si me quedé con ganas de ver, fueron esas verónicas de Luis de Pauloba en Las Ventas. Pero para eso ya estaban ahí los de torear, con Costillares al toque.