Desde que tengo más canas que currículum vitae me cuido más por el día y menos por la noche, disfruto menos con Soledad y sobre todo no me da por torear como aquel niño que imitaba a José Tomás con las vacas de Aldeanueva. Cualquiera en mi caso se las teñiría pero yo es que tengo el grave problema de que me gustan aunque parezca un “Albaserrada”. No se rían, hagan el favor.
Lo malo de este maldito invento es que no deja de ser una huella del tiempo. Ese que me recuerda que cada día soy un soñador más consciente de ello. Porque lo bonito de enredarse en las nubes de la imaginación es hacerlo instintivamente, como el exquisito vicio de divorciarte de Soledad a cada momento.
Ya no soy tan de los malos porque me está desapareciendo la catadura de niño quinceañero, y con la corbata -¡qué dañina!- de diario me llegan a hasta invitar a cenar el viernes en su casa con la mujer y el hijo si es que ya lo tengo. Entonces no sé ya que contestar. Lo que está claro es que mi cara ha cambiado el mensaje de trasnochador por el de madrugador. Continuaré durmiendo sosegado porque mi alma aún no se ha reconvertido. ¡Cómo me agarre la Inquisición!

Jorge, déjate de teñirlas. Haces bien, así las puedes echar al aire. A mi me encantan. ;)
Ja ja ja un albaserrada.
Con el punto tan sexy que dán las canas, y lo interesantes que hacen a los hombres no las puedes teñir.
A nosotros sí que nos están saliendo canas desde la última vez que escribiste.